¿Qué aporta un inversor a una startup, además de dinero?

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¿QUÉ APORTA UN INVERSOR, ADEMÁS DE DINERO?

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​​Además de dinero, un inversor puede aportar mucho valor a una startup en diferentes ámbitos.

Algunas de las contribuciones más comunes son

  1. Experiencia: muchos inversores tienen amplia experiencia en el sector o en el mercado en el que opera la startup, y pueden ayudar a la empresa a evitar errores y a identificar oportunidades.
  2. Red de contactos: los inversores suelen tener una amplia red de contactos que pueden ser valiosos para la startup, por ejemplo, para encontrar clientes, proveedores, socios, etc.
  3. Conocimientos técnicos: algunos inversores tienen conocimientos técnicos especializados que pueden ser de gran ayuda para la startup, por ejemplo, en áreas como el marketing, la tecnología, la finanzas, etc.
  4. Asesoramiento estratégico: los inversores pueden ayudar a la empresa a definir su estrategia y a tomar decisiones importantes, especialmente en momentos de dificultad o de incertidumbre.

En resumen, los inversores pueden aportar mucho valor a una startup, más allá del dinero que invierten, y es importante que la empresa sea capaz de aprovecharlo de la mejor manera posible.

Diferenciar el rol, papel y funciones del emprendedor y del inversor.

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El rol, papel y funciones del emprendedor y del inversor son diferentes pero complementarios. El emprendedor es la persona o grupo de personas que tienen la idea original y la visión de crear una nueva empresa. Es el líder que asume el riesgo de emprender y dirige la empresa en su crecimiento y desarrollo. Por otro lado, el inversor es una persona o entidad que invierte en una empresa con el objetivo de obtener una rentabilidad. El inversor puede ser un business angel, un fondo de capital riesgo o una institución financiera. El inversor aporta capital y, a menudo, también aporta conocimiento y experiencia en el sector o en la gestión de empresas. El emprendedor y el inversor trabajan juntos para alcanzar el éxito de la empresa. El emprendedor se centra en la ejecución de la estrategia y en el desarrollo del negocio, mientras que el inversor brinda apoyo financiero y consejo estratégico. Es importante que, ambas partes, mantengan una buena comunicación y colaboración para garantizar el éxito a largo plazo de la empresa.

​Expectativas del emprendedor en cuanto a la aportación del inversor

Un inversor no tiene necesidad alguna de invertir en un proyecto concreto. No tiene necesidad, pero sí tiene mucho interés, porque al fin y al cabo ése es su negocio, de eso vive. Para llegar a invertir efectivamente en uno tiene que ver algo en él que lo convenza de que le va a dar un beneficio y le va a compensar. Muchas veces, el problema es que, el emprendedor, no se está poniendo en la piel del inversor, y viceversa. Tiene que darse cuenta de que ha de dar cosas a cambio. Sobre todo, una razón para la inversión, un equilibrio entre riesgo y rentabilidad. De hecho, si se piensa en lo asimétrico de la relación y lo distintos que son los respectivos objetivos de inversores y emprendedores, se puede llegar a la conclusión de que lo difícil es que lleguen a acuerdos.

Por decirlo así, son dos animales de especies absolutamente distintas, no directamente competidores, pero sí con visiones muy diferentes de lo que es el mundo y de lo que es una empresa. Por norma, los emprendedores son excesivamente optimistas y están muy confiados en sí “mismos y obsesionados por controlarlo todo”. Por el contrario, los inversores son normalmente más desconfiados, más pesimistas y se involucran menos. Ambos deberían saber que el 80 por ciento de los proyectos fallan, pero mientras que al emprendedor esto no le preocupa, porque es un problema de «los otros ocho que fracasan», el inversor lo que quiere es descubrir y gestionar los riesgos y rentabilidades de todos sus proyectos. O, dicho de otra manera, el emprendedor juega contra la estadística, mientras que el inversor busca siempre jugar con la estadística a su favor. El emprendedor va siempre persiguiendo el escenario más favorable, y haciendo todo lo posible por hacerlo realidad, mientras que el inversor quiere considerar todos los escenarios y cubrir en la medida de lo posible todos los riesgos.

¡¡Lo difícil es que terminen por entenderse!! Para que realmente surja la inversión en un proyecto, ambos tienen que aprender cómo funciona el otro, cuáles son sus motivaciones y sus objetivos.

Las palabras del inversor  J.L. Cabiedes  “…A veces te viene un emprendedor que te dice que está buscando algo más que dinero, que busca un inversor que le aporte conocimientos y contactos. A mí en esos casos me surge la duda: si el inversor pone su dinero, sus conocimientos y sus contactos, entonces; ¿Qué pone el emprendedor? Muchos de los inversores pensamos que si corro yo todo el riesgo y aporto lo fundamental, a lo mejor es más lógico que monte yo el negocio y lo contrate a él a sueldo. El emprendedor ha de entender que no entra en el papel del business angel hacer viables los proyectos. El negocio tiene que ir completo en sí mismo, y ha de ser viable, factible e invertible sin la ayuda del inversor. Si no, no es un buen negocio. Tampoco es raro que surjan algunas suspicacias, y alguno me ha llegado a decir: «Tú no haces capital-riesgo porque, en realidad, no corres riesgos». Yo lo atajo respondiendo que, en realidad, quien no entiende es él, que cree que esto del capital-riesgo es que él toma mi capital y a cambio me da su riesgo. Esto del capital-riesgo no funciona así. Todo inversor prefiere invertir en startups en las que los emprendedores también se jueguen algo, aunque no siempre sea su propio dinero.

El riesgo no es bueno ni para el inversor ni para el emprendedor, y hay que evitarlo cuanto se pueda. Sólo si es necesario y te pagan mucho por él estás dispuesto a correrlo. Yo no conozco a nadie a quien le guste el riesgo porque sí. A nadie, al menos, que esté en su sano juicio. Por eso, es muy importante que, desde el principio, cada uno sepa muy bien qué papel va a desempeñar exactamente el business angel en la empresa. No deben intercambiarse los papeles, ni intentarlo siquiera. El empresario debe ser siempre el emprendedor, puesto que la empresa es suya. Si el inversor se quiere implicar demasiado, puede que no sea el que esa empresa necesita. 

Pocos emprendedores quieren o necesitan que el inversor vaya todas las tardes a llevarle la tienda; para eso está él. Lo único que necesita, y no es poco, es una persona que le ponga dinero. Parafraseando a Groucho yo concluiría que «nunca invertiré en un proyecto que me necesite a mí como socio». Tiene que ser como si yo no existiera. Si al final el proyecto es viable gracias a mis contactos, pues para eso lo hago yo.” Desde mi punto de vista, las relaciones entre un emprendedor y un inversor se han de parecer a las de una escudería de Fórmula 1.

El piloto es el emprendedor y el coche es su empresa, mientras que el inversor se sitúa en boxes. El piloto es el que conduce el prototipo, el que elige la trazada de las curvas y el que pisa más o menos el acelerador; él es quien se juega la vida en la carrera y, por lo tanto, quien tiene que saber conducir el coche mejor que nadie. No hay cosa más peligrosa que el inversor que se cree mejor piloto que nadie y no para de indicarle al piloto cómo debe conducirlo, o peor todavía, le quiere quitar el volante de las manos. El papel del inversor es vigilar desde boxes una serie de pantallas llenas de cifras y gráficos, analizar todos esos datos y decidir si el coche ha de entrar en boxes. Con la manguera de gasolina en la mano, debe decidir si echa o no más gasolina al coche, o si ha de cambiarle las ruedas… Mientras, el piloto sólo ha de preocuparse de hacer vueltas rápidas, pero con la seguridad de que nunca se va a quedar sin combustible. Éstos son, a mi modo ver, los respectivos papeles que han de desempeñar el inversor y el emprendedor.

Trescientos sesenta y cuatro días al año el emprendedor hace exactamente lo que quiere en su empresa. Es imposible controlarlo. Tan imposible que yo como inversor ni lo intento. En mi modelo de pacto de socios (+) no incluyo cláusula alguna orientada a controlarlo ni a supervisar la startup, ni en los asuntos de gestión diaria ni en los de estrategia, ni en nada. El negocio es suyo y él ha de manejarlo. Al menos, como digo, trescientos sesenta y cuatro días al año, porque sí hay uno en que como inversor tengo la sartén por el mango: cuando el emprendedor viene a por más dinero. Si la empresa va mal, vendrá a por más dinero, y si la empresa va bien, vendrá también a por más, en este caso porque crecer es caro. El inversor también controla bastante la situación en el momento de la salida, pero entre medias no participa, ni en mi opinión debe hacerlo, en la marcha diaria del negocio.”

Aportación según el tipo de inversor

No obstante, hay muchos tipos de inversores. Hay algunos que se implican mucho con los emprendedores y se ponen prácticamente a su lado a tirar del carro. Los hay, incluso, que persiguen aquella vieja quimera de que sea el carro el que tire de los bueyes. Corre un peligro cierto de convertirse no sólo en inversor, sino en mentor o padrino (+). Si lo quiere o lo acepta, está en su derecho y es su decisión, pero no es el modo profesional de organizar las cosas. A veces se llega al esperpento del inversor bienintencionado que se pasa todos los viernes por la sede de la startup, se sienta en una silla, suspira y pregunta protegido por una sonrisa inocente: «Bueno, ¿y qué tal vamos esta semana?». 

Hay otros inversores que sí aportan realmente algo a la empresa, aunque sólo sea impartiendo consejos oportunos basados en su mayor experiencia o conocimiento de ciertas parcelas del negocio concreto o de los negocios en general. Pero, en definitiva, no me cansaré de repetir que el negocio lo lleva el equipo emprendedor y es éste quien lo tiene que llevar. Eso sí, lo que no está nada de más es que el inversor haya estado en muchos consejos, haya conocido muchos proyectos y muchas startups, haya entrado en muchas inversiones, haya tenido muchos socios y haya hecho muchas desinversiones, porque de esa manera será capaz de aportar una mayor tranquilidad que alguien que, como generalmente le ocurre al emprendedor, está pasando por eso por primera vez.

Inversor bipolar

Hay que eludir al inversor aficionado de comportamiento casi bipolar que un día se muestra totalmente «enamorado» del emprendedor —«es un chico estupendo, es valiosísimo»—, pero que de repente, el primer mes en que las ventas no se ajustan a lo que ponía en el business plan, pasa a decir «este chico me está engañando, quiero sacar mi dinero; ¿Dónde está mi dinero?». Yo creo que es importante siempre que haya alguien que tenga perspectiva y conserve la calma. En todo caso, como las cosas cambian y lo inesperado ocurre muy a menudo, es bueno que el pacto de socios estipule el máximo de situaciones posibles”

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Jaime Cavero

Presidente de la Aceleradora mentorDay. Inversor en startups e impulsor de nuevas empresas a través de Dyrecto, DreaperB1 y mentorDay.
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