Michael Gourion: “Fue una irresponsabilidad no comenzar a diversificar la economía canaria en 2008, cuando se hundió la construcción”

El consultor francés Michael Gourion, que estudió Ingeniería para los Negocios en EEUU, lleva desde 2004 viviendo en Canarias y asesorando a empresas para mejorar su productividad mientras analiza atentamente los problemas estructurales de la economía canaria

JORGE BERÁSTEGUI

El consultor francés Michael Gourion, hijo de padre marroquí y madre tunecina que emigraron de adolescentes a París, estudió en la Universidad de Texas, Austin, Ingeniería para los Negocios, una carrera multidisciplinar que surgió de las necesidades que tenía el empresariado local de trabajadores muy cualificados para adaptarse a una economía global, rápida y tecnológica en un estado que había vivido del petróleo y el negocio ganadero. De vuelta a Europa, se especializó como consultor en analizar y mejorar la productividad en grandes empresas. En 2004 se vino a Canarias porque pensó que aquí tendría una buena calidad de vida. Fundó su propia consultora, ‘Regenering’, y empezó a trabajar con empresas de las islas. También hace informes de productividad empresarial para el Gobierno autonómico. Antes de establecerse aquí, ya conocía la fuerte dependencia de la economía canaria. Pero luego descubrió otros graves problemas estructurales.

-¿Qué hace un consultor especializado en productividad de las empresas?

“Es una especie de médico internista que analiza la situación de una empresa, detecta los problemas y propone y ayuda a ejecutar los cambios. Hay que saber un poco de todo para hacer ese escáner: sobre la tesorería, la parte tecnológica, los procesos de las empresas… Cuando empecé, creía que los ajustes de plantilla eran frecuentes. Pero luego me di cuenta de que no era así exactamente. Una parte muy importante es formar a los trabajadores en nómina para que sean más productivos y estén más preparados para que los procesos sean más ágiles y fluidos. Es pura gestión del cambio. Eso se hace con las personas y la cooperación es fundamental”.

-Usted trabajó para grandes consultoras que prestaban servicios a empresas gigantescas, ¿cómo se adapta uno a una economía con un tejido más pequeño, como la canaria?

“Sí, yo trabajaba con empresas que no tenían menos de 600 trabajadores durante un periodo de seis meses, de ocho de la mañana a ocho de la tarde y con uno o dos consultores. Era un trabajo muy intenso. Cuando llegué aquí, estuve un año y medio buscando el modelo: tuve que descomponer todo ese programa para empresas mucho más pequeñas. Lo que hacemos en ‘Regenering’ es un análisis de una semana basado en observaciones, datos y entrevistas. Y al final hay una lista de proyectos que propongo ejecutar. Al principio, muchos empresarios dicen: ‘Sí, vas a saber tú más que yo’. Y al final, se quedan flipando. Puede haber incluso un poco de calentura con que alguien te muestre la realidad. Pero si luego están interesados, ponemos en marcha algunos de los proyectos propuestos. Y hay una fase de seguimiento posterior”.

-¿En qué situaciones acuden las empresas a su consultora?

“Suele haber dos casos: empresas que no conocen muy bien dónde están los problemas y quieren saber, o gente que ya sabe, en empresas donde quizá haya un desacuerdo dentro del equipo directivo y necesiten un informe externo neutral que señale por dónde hay que ir. Son empresas que quieren sobrevivir, consolidarse o expandirse. Y hay una cosa fundamental: deben ser negocios que valoren al personal o tengan la intención de hacerlo. Algo que falla bastante en España”

-¿Y en Canarias?

“Si nos comparamos con una capital, como Madrid, estamos bastante peor. Pero dentro de la media española”.

-¿Y por qué cree usted que hay este trato tan malo?

“Se me ocurren fundamentalmente factores históricos. Es obvio que España, tras cuatro décadas de dictadura, no ha tenido la misma historia reciente que Francia, Alemania o Reino Unido. Porque, en muchos aspectos, los españoles son de los mejores a nivel mundial, no es un problema de capacidad. Y luego hay decisiones políticas: España se desindustrializó, y son los países más industriales los que invierten más en formación del personal, los procesos industriales son más complejos. Otra cuestión es la baja formación media del empresario. La diferencia es significativa en comparación con otros países de la OCDE”.

-No tenemos una clase empresarial muy formada, no…

“Sí, pero tan negativo o más que eso es la mala política de subvenciones que hay con las empresas desde la Administración. Eso fue algo que me impresionó a las tres semanas de mi llegada a Canarias”.

-Explíqueme eso…

“Pues mire, que aquí hay bastantes empresas zombis que no generan realmente valor ni suficientes clientes y sobreviven simplemente porque tienen subvenciones. En épocas normales, no estoy hablando del covid-19. Si en Canarias la economía sumergida equivale al 26% del PIB y tenemos un montón de empresas zombis, ¿cuántos trabajadores hay en empresas realmente productivas?”

-No pinta usted un panorama muy alentador…

“Puede parecer legítimo que un político salve a una empresa para mantener unos puestos de trabajo, pero tiene que ser algo muy excepcional. Hay que defender el mercado libre, que no quiere decir una economía salvaje, sino un mercado regido por las leyes donde no haya distorsiones. Así, la gente compite, mejora, se ofrecen nuevos productos, los trabajadores cambian de trabajo porque mejoran sus condiciones… En un mercado distorsionado, las empresas zombis ocupan espacios que no les corresponden, es injusto, empobrecedor para los consumidores y los trabajadores. ¿Cómo cree que tratan las empresas zombis a sus empleados?”

-O sea, que para usted es mejor un buen plan de formación y recolocación que subvencionar…

“Es que hay que tirar por arriba, no por abajo. Si seguimos así, ninguna empresa cae. Pero, ¿qué tipo de calidad tenemos? Imagínese esa forma de pensar aplicada a los Juegos Olímpicos: ¿qué clase de competición tendríamos?”

-¿Y en sectores como la agricultura, donde hay algunos productos muy subvencionados, como el plátano?

“No he estudiado ese caso en particular. Pero sí le puedo decir que tenemos menos de un 20% de soberanía alimentaria y la agricultura solo supone un 1,3% del PIB. El 80% de lo que compramos viene de fuera. Pero tenemos 85.000 hectáreas abandonadas. Y eso no tiene ni pies ni cabeza. ¿Por qué una parte de ese 19% de mayores de 25 años que ni estudian ni trabajan no se dedica cultivar alguna de esas hectáreas para no tener que importar tanto?”

-¿Se refiere a vincular las prestaciones a algún trabajo?

“No, me refiero a crear empresas. Cobrar una prestación no estimula para nada la autoestima. Es la última opción. La gente, normalmente, quiere su trabajo, su casa. Le estoy hablando de una oportunidad económica”.

-¿Cómo pasa uno de la pobreza a decir: ‘Voy a montar una empresa’?

“Tiene que haber un incentivo, un beneficio, un puesto de trabajo con un ingreso, un horizonte de mejora del nivel de bienestar”.

-Pero hay gente muy descolgada, en situaciones muy difíciles, entristecidos y encachazados viendo la tele mientras pasa el tiempo…

“Esa es una cuestión fundamental. Creo que estamos muy intoxicados. Solo hay que ver el nivel de los mensajes que aparecen por la tele. Hace pocas semanas, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria apareció en el puesto 23 del mundo en el área de Turismo del ranking internacional de universidades Shanghái 2020. ¿Vio usted que se le diera alguna importancia? ¿Se conoce MentorDay, un proyecto para impulsar la emprendeduría? Los medios ponen el foco en la política, pero hay muchas cosas interesantes: grupos de investigación, negocios, cultura… Yo creo que la cosa cambiaría si mañana se valorara más a los empresarios en los programas de la tele, que es donde miran quienes no tienen trabajo. O los padres y los abuelos que hablan con sus hijos y con sus nietos”.

-¿Pero tan mal cree que se valora al empresario?

“Igual que antes le decía que no se valora al trabajador, le digo lo mismo en el caso del empresario. Con el agravante de que el dinero de los presupuestos de un Estado se consigue de los impuestos que pagan las empresas y los trabajadores, cuyas nóminas han sufragado también esas empresas y que sirven para poder comprar los productos por los que luego se pagan impuestos indirectos que acaban en manos de las Administraciones. No hay que olvidar que los empresarios son los que crean los puestos de trabajo”.

-Y los trabajadores ponen su fuerza de trabajo, que no es poco…

“En Alemania, a partir de un cierto número de trabajadores, las empresas están obligadas a tener un representante con derecho a voto en el comité de dirección de la empresa. Y eso me parece muy interesante, porque obliga a escuchar un punto de vista distinto. Gracias a eso, cuando hay una crisis, la gestionan mejor. Pero también hay episodios oscuros en el movimiento sindical, con gravísimas consecuencias para los trabajadores. ¿Dónde estaban los sindicatos cuando se firmaron los acuerdos de China con la Organización Mundial del Comercio que abrían la puerta a la deslocalización de empresas? Tenían que haberla armado en su momento y no lo hicieron”.

-Oiga, ¿se puede diversificar la economía canaria?

“Por supuesto. La irresponsabilidad fue no haber comenzado, al menos, en 2008, cuando se hundió la construcción y nos quedamos con un solo sector especializado. Esa era una función del Gobierno: prever, definir líneas estratégicas, defender el bien común. Si no, ¿para qué sirve? Y ojo, diversificar la economía no es diversificar solo el turismo, sino incentivar nuevos sectores estratégicos. Así, si se cae uno, los otros pueden seguir. Diversificar solo en turismo es ampliar la dependencia de este sector”.

-¿Y por qué ámbitos apuesta usted?

“Yo establezco cuatro grandes ejes. Uno de deporte, cultura y ocio. Va desde la promoción del deporte y las competiciones de alto nivel hasta la difusión de la historia y cultura de Canarias. También creo que podríamos crear un Parque de la Biodiversidad y las Ciencias, dado que aquí tenemos el 30% de las especies que existen en el planeta. Otro eje es el de las energías renovables y el medio ambiente. Aquí tenemos sol permanentemente, es inconcebible el bajo nivel de desarrollo de la energía solar que hay en Canarias. Pero también de la energía geotérmica: hay zonas con altas temperaturas a pocos metros bajo tierra. Dentro de este bloque, también podemos hacer como el Banco Nacional de Algas, vender cepas de algas por todo el mundo. O convertirnos en una potencia en la producción sostenible de agua potable a través de la desalinización. Un tercer ámbito es el del sector primario, incluyendo I+D+i, con laboratorios de productos y sabores. Tenemos productos de gran calidad para vender fuera. En lugar de importar el 80%, podemos ser exportadores. Y luego está el turismo, con su diversificación, ampliando los espacios de negocio. A estas alturas no se puede entender que no tengamos un turoperador canario.

-¿Hay alguna clave para impulsar este proceso?

“Sí, tener un mercado competitivo, exigente, fuerte. En 2011, la Confederación de Empresarios de Canarias me pidió que hiciera una ponencia sobre diversificación. Y llegué a la misma conclusión que ahora: en islas con sol durante todo el año, es más fácil ganar dinero del turismo: construyes los hoteles y luego que otro se encargue de vender los paquetes de viajes, aunque eso signifique un menor porcentaje de beneficio. ¿A quién no le gusta ganar dinero minimizando el esfuerzo? Sin duda, la calidad ha mejorado mucho en los últimos años y es un gran logro ser una potencia turística mundial. Pero en el informe que hace Deloitte para Exceltur sobre el sector, los canarios somos últimos en inversión para formar al personal a pesar de ser los primeros en beneficios económicos. Mire, en una economía dinámica sin monopolios ni oligopolios, la gente no para de aprender e innovar en productos y ofertas. Hay nuevos actores que aparecen constantemente. Y, como en los JJOO, si te relajas, viene otro y te desplaza…”

 

Publicado por Diario de Avisos

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